Programa de la Candidatura a la Convención Constitucional

Creo profundamente en la democracia, en un Estado de derechos garantizados, en el correcto funcionamiento de las instituciones democráticas, en la libertad de las personas, en la fraternidad, en el gobierno de las mayorías, en el respeto a las minorías, en la participación ciudadana, en la descentralización del poder, en la autonomía de las regiones, en la diversidad cultural, en la tolerancia, en el desarrollo social, en la equidad y justicia social, en el crecimiento económico sustentable, en la innovación, en la protección irrestricta de nuestros recursos naturales y el ecosistema en su conjunto, en el rol fiscalizador y regulador del Estado, en el dinamismo del mercado, en la integración de los países, sus culturas y sus economías. Tengo una profunda vocación de cambio, y el sueño de construir con todas y todos, con las mayorías y minorías históricamente postergadas, un país moderno y desarrollado, es decir con mayor igualdad, justicia y libertad. Con una vocación irrenunciable de transformación cultural, social y política para nuestra patria, en paz, en justicia, en respeto a su riquísima diversidad, desarrollándose equilibradamente en perfecta armonía con un espacio físico único e irrepetible. 

Quiero abrir las puertas de la política convocando a la ciudadanía toda, fomentando el debate libre y la autonomía política frente a las corporaciones de cualquier tipo. Quiero reivindicar el sentido de la política recuperando su dimensión ética y pública.  Promuevo el diálogo permanente para enfrentar los desafíos, la unidad de ideas y objetivos nacionales, el respeto a las particularidades locales. 

La economía de Chile debe comenzar y terminar en su gente. Las riquezas son valiosas cuando existen en un país solidario. Se debe procurar que las iniciativas privadas y las del Estado en el área económica, encuentren modos de ordenamiento que defiendan los principios básicos de una ética de la convivencia y el desarrollo. Estoy en contra de una economía abandonada a las puras fuerzas del mercado o de una economía estatal centralista y burocrática. Es perfectamente posible alcanzar una economía desarrollada, sustentable, competitiva, enfocada en la innovación y valor agregado, sin que eso implique los abusos asociados a la concentración económica. Nada más perjudicial para el bienestar común, que permitir la continuación de monopolios u oligopolios que concentran las riquezas socializando la pobreza y las precariedades. El mercado debe estar regulado de manera dinámica y eficiente, con especial proactividad en las áreas donde el interés de las comunidades o de los más desprotegidos sea el primero en ser afectado. Las dinámicas económicas no deben orientar a la ciudadanía a adoptar las costumbres de un individualismo egoísta que a la larga destruye el tejido social y la convivencia sana entre sus integrantes. La economía de un país también es un símbolo de lo que ese país profundamente es: en el trabajo, en las empresas, en los emprendimientos económicos se juegan buena parte de las condiciones de vida de los pueblos.

El desarrollo económico debe darse reconociendo la heterogeneidad de las estructuras productivas. Ahí descansan las posibilidades de una economía integrada, donde los pequeños y medianos empresarios conviven con los grandes, donde se potencian, se benefician mutuamente. Se debe procurar el fortalecimiento de lo público y el cuidado del patrimonio público, especialmente en lo referente a los bienes y servicios que el Estado debe poner a disposición de los ciudadanos. En la medida que tengamos una economía integrada, con encadenamientos productivos dinámicos, con transferencias tecnológicas, con inversiones de largo plazo, con relaciones de equidad entre las empresas, sin importar su tamaño, tendremos necesariamente un mercado laboral más equitativo, con mejores salarios y más productivo. El empleo, es decir, las y los trabajadores, su capacidad creativa y transformadora, es la piedra angular del desarrollo económico. Trabajaré incansablemente por generar condiciones de trabajo dignas, seguras, estables y justas. También es parte de la democracia económica el derecho al trabajo y que los trabajadores participen en las utilidades de las empresas.

Resulta inmoral imponer los costos del desarrollo a las futuras generaciones. La depredación de nuestro medio ambiente como un “costo” del crecimiento fue, desde el inicio, una respuesta inmediatista, regida exclusivamente por lógicas mercantiles, de mediano plazo, que no sólo no ha solucionado el problema de la pobreza y la inmensa brecha de desigualdad existente en el país y el mundo, sino que además se agrava día a día en una amenaza a nivel planetario de destrucción de los recursos y los equilibrios del medio ambiente y de las condiciones para la vida humana. A medida que la población mundial crece, mayor es la demanda de energía y mayores las presiones sobre nuestro planeta. El problema del uso industrial del agua potable por parte de la gran minería en Chile está produciendo una escasez del recurso en las regiones con esta actividad. Me comprometo a promover fuentes energéticas renovables, seguras, y ambientalmente sustentables. El desarrollo de la economía agraria debe ser sustentable. Se debe promover y formular un nuevo código de agua, donde se garantice el riego de los cultivos. Estoy por eliminar los transgénicos. El Estado debe avanzar hacia una agricultura autovalente (producir nuestras propias semillas, fertilizantes, etc.). Declaro claramente que la problemática medioambiental, el calentamiento global, las crisis alimentarias, la desaparición de los ecosistemas no son una coyuntura de moda: sin planeta no hay proyecto político posible, sea del color que sea. 

Creo en una amplia descentralización del poder en nuestro país al servicio de regiones y comunidades. Tengo plena conciencia de que nuestro país está conformado por dieciséis regiones; debemos avanzar hacia un sistema federal que garantice la  participación y representatividad de las regiones en el desarrollo nacional. A su vez los problemas de la gente se resuelven junto con la gente, por eso hay que fortalecer a los gobiernos comunales y regionales, estableciendo vínculos colaborativos entre éstos y el gobierno nacional. Estoy por un Estado activo e impulsor del progreso humano, que reconozca y amplíe las posibilidades de gestión justa y creativa de los emprendimientos individuales y colectivos que surgen desde la misma sociedad: es ahí donde se dan las posibilidades de bienestar y autonomía de las personas, de las familias, de las colectividades que integran nuestro país.

La tarea principal es pasar de una sociedad de privilegios a una sociedad de derechos garantizados, de oportunidades para todas y todos. Propongo reducir las desigualdades, las injusticias, fomentar y profundizar los derechos laborales de los trabajadores y el respeto del medio ambiente, así como el manejo cuidadoso de sus recursos. Tales cosas minimizan la cohesión social reproduciendo la segmentación y los clasismos odiosos, expandiendo los desconocimientos mutuos, los miedos, y la división interna e improductiva entre los chilenos y chilenas. Creo necesario el crecimiento económico para la generación de bienestar, pero este crecimiento debe ser sustentable y respetar la regulación, de manera de que no se realice en detrimento del patrimonio natural o a costa de los trabajadores, descuidando la competitividad de Chile. Impulsar la creación de riqueza entendida como riqueza multidimensional y promoción de los bienes y servicios públicos al alcance de todos sin lesionar u obstruir el bienestar de los otros.

Creo en un Chile amable, acogedor, fundado en la solidaridad, integración e inclusión de todos sus integrantes. Que nuestra tierra sea próspera, moderna y desarrollada, donde tendrán espacio los sueños, las esperanzas, las iniciativas y esfuerzos de todos quienes tengan la vocación de crear un país mejor para todas y todos. Los derechos de los niños y las niñas estarán protegidos con todo el cuidado que sabemos debemos tener: las nuevas generaciones son el futuro, y ellas expresan mejor que nadie el presente de nuestra sociedad. Trabajaré por una educación gratuita de calidad, garantizada por el Estado, a todos sus habitantes, una alimentación sana y oportuna, y condiciones para la salud y el bienestar en nuestras ciudades, barrios y pueblos. Asimismo, lucharemos porque los ciudadanos a lo largo de su vida reciban el trato digno que les corresponde. Pero una sociedad solidaria también supone valorar y reconocer a nuestros adultos mayores, quienes han sido parte fundamental de la construcción de Chile. Por ello, me  comprometo con el derecho a una pensión y salud digna para todxs.

Soy respetuoso de las personas, de su diversidad y sus diferencias. En esta materia, los tratados y convenciones internacionales sobre Derechos Humanos y, especialmente, sobre la superación de toda forma de discriminación, deben primar en toda interpretación constitucional o legal. Me inspira un espíritu laico y humanista. Valoro la diversidad y el derecho a la diferencia. El avance hacia derechos civiles plenos resulta sustantivo para rescatar la política para todas y todos los habitantes de Chile, más allá de su origen étnico, nacionalidad, credo, orientación sexual o género. La riqueza de un país no sólo se expresa en el crecimiento económico, sino en el fortalecimiento de culturas que expandan el ejercicio de las libertades y los derechos ciudadanos. 

Declaro un profundo compromiso con los pueblos originarios de nuestro país y su cultura. Valoro su historia y aporte de saberes para nuestro presente y futuro. Nos enorgullece que sean parte esencial de nuestra nación. El país se fortalece con una nación multicultural, por ello nos rebelamos contra quienes pretendan imponer unilateralmente su cosmovisión y exigimos respeto irrestricto a las formas de vida de nuestros pueblos originarios.

Creo que somos parte de una gran nación latinoamericana que se conforma junto con la diversidad de países, culturas, y regiones que integran nuestro continente. Promoveré la integración económica, cultural y política de nuestros pueblos, en especial con nuestros vecinos. Creemos que con los países hermanos de nuestra región sólo debemos recorrer caminos signados por la  paz y el  diálogo. 

Todo chileno y chilena debe tener derecho a una educación pública gratuita, laica y de calidad . Que el hijo de obrero(a), de poblador(a) o campesino(a) reciba la misma calidad de educación que aquella de las clases económicamente acomodadas. Creo en la escuela como espacio de integración multidimensional entre niños provenientes de diferentes horizontes. Creo que la educación pública de calidad debe ser garantizada constitucionalmente. La educación chilena requiere una transformación en todos sus niveles. Pero la calidad que proponemos no puede limitarse a ser funcional a las necesidades de una economía globalizada sino una educación que potencie las habilidades de las personas, para lograr una sociedad donde exista mayor libertad y desarrollo. Debe también y con mucha fuerza, sostener los valores de pertenencia, de nacionalidad, de convivencia, y las identidades que son y han sido siempre el espíritu de nuestro pueblo. Todo ello implica dignificar la función de los maestros, mejorar sustancialmente sus remuneraciones, abriendo un amplio espacio para su participación en la discusión del futuro de la educación en Chile.

Sueño con un país en donde la cultura se convierta en una dimensión fundamental del desarrollo de las personas. Sólo es posible enriquecernos plenamente si se estimula la creación, la imaginación y el pensamiento crítico de las y los chilenos. Anhelo desplegar la vida cultural de nuestro país, tan postergada en esta era en la que han prevalecido enfoques economicistas.  Promoveré el rescate cultural de nuestra historia, de sus autores y artistas y la protección de nuestro patrimonio. Una sociedad que sitúa a la cultura en el centro de su quehacer, es una sociedad que se proyecta más integrada y más libre.

Toda chilena y chileno debe tener acceso a una salud pública de calidad, o a una salud privada que no lucre con fondos públicos y que someta sus procedimientos a una adecuada regulación. El sistema de salud en Chile será oportuno, moderno y sujeto a un control de gestión que garantice a los ciudadanos el real cumplimiento de sus derechos en un área tan fundamental. La salud, tendrá un enfoque en las personas, no solo en la enfermedad, debiendo integrar lo psicosocial y ambiental, con visión amplia y multidisciplinaria. Acceder a una salud de calidad y oportuna, es un derecho humano básico que se debe reguardar en toda circunstancia. La salud, como derecho humano, estará consagrado en una nueva Constitución, integrando principios de participación justicia, igualdad, solidaridad y acceso universal. Promoveré la salud como práctica social y cultura extendida entre la ciudadanía de manera mucho más amplia que la atención cuando se la pierde, pero también será siempre el partido de los enfermos, sin distinción alguna, el partido de la prevención, de la regulación, donde el Estado será el primer responsable. Debe promoverse la generación y distribución gratuita de los medicamentos en el sector público.

Creo que Chile debe adoptar un sistema solidario de pensiones, como la gran mayoría de países del mundo, en el cual convivan, junto al Pilar Básico Solidario, un Pilar Contributivo. El principio rector de cualquier modificación en el sistema previsional es que el Estado debe garantizar el derecho a la Seguridad Social, es decir una pensión de tipo universal, igual al sueldo mínimo, para toda la población.

 

Por otra parte, aquellos trabajadores que lo deseen podrán complementar su pensión inicial, cotizando de manera voluntaria y complementaria, en empresas que manejen fondos de pensión, sujetas a la nueva regulación previsional. Lo anterior significa que las AFP deben dejar de existir.

Todo chileno y chilena tiene derecho a vivir en viviendas dignas y espacios urbanos y rurales de calidad, con infraestructura social garantizada y un entorno promotor de calidad de vida y libre de inseguridades y contaminación ambiental. El Estado está en condiciones de apoyar y garantizar la construcción de viviendas de calidad. 

Los chilenos y chilenas no podemos vivir con temor a la delincuencia. Se debe combatir la delincuencia y el narcotráfico, que genera una verdadera industria ilegal de efectos negativos desde todo punto de vista, con propuestas modernas, centradas en una reforma al sistema judicial y en el mejoramiento de la calidad de vida urbana en especial de los barrios populares, y no sólo con la dotación de más policías y cárceles. Los principios humanistas, y la respuesta punitiva del Estado debe ser la última, jamás la primera ni prioritaria. Mi proyecto para Chile, defiende y se basa en la necesidad de desarrollar una política de seguridad nacional que invierta en prevención, control y rehabilitación. A su vez, se debe trabajar para  generar las herramientas para que los jóvenes de los sectores más desprotegidos no vean en el delito una alternativa de subsistencia, sino que sea la estructura social la que da caminos de subsistencia y oportunidad a ellos. La delincuencia es un síntoma, las causas son nuestro desafío, a ellas hay que dedicar nuestros esfuerzos y creatividad.

La política debe ser, esencialmente, pública.  Nuestro sistema político y su dinámica no pertenecen a sectores, ni a personas en particular. Se debe abrir las puertas de la política convocando a la ciudadanía toda, fomentando el debate libre y la autonomía política frente a las corporaciones de cualquier tipo. Se debe promover el cambio de un parlamento bicameral por uno unicameral con representación proporcional. Se debe promover nuevas reglas para el funcionamiento de los partidos políticos, para la participación ciudadana,  la descentralización política y el federalismo regional. Resulta imprescindible proyectar un nuevo orden constitucional construido sobre la base de la deliberación de las mayorías. La actividad política debe ser financiada por aportes públicos y privados, siempre y cuando los mecanismos correspondientes sean transparentes, regulados y fiscalizados por el Estado.

Se debe construir una democracia en la que la ciudadanía sea, en todo momento y en cada situación, libre y capaz de discernir sobre las mejores opciones para su país. Quiero reivindicar el sentido de la política recuperando su dimensión ética y pública.  Generar nuevos vínculos de los jóvenes con la política va de la mano de una redistribución efectiva del poder y la señal más clara es convocar a una Asamblea Constituyente para que la ciudadanía se dé su Nueva Constitución y no esta Convención Constitucional que fue el salvavidas de la clase política y del gobierno ante la ira y malestar de la gente luego del 18-0.  

Propongo que con todas las voluntades transformadoras y honestas de nuestro país, llevemos adelante un profundo esfuerzo de democratización, equidad y progreso social en el Chile. La base del poder político reside en el pueblo. Hemos sufrido y desafiado la camisa de fuerza del sistema político de los conservadores, y junto a miles de hombres y mujeres, jóvenes y no tantos, arriesgamos todo por rescatar la política para las mayorías. Inspirados en esa épica, nos atrevemos a seguir avanzando, con audacia, con ética, mirando hacia el futuro, para construir una nueva fuerza que invente una política para un nuevo Chile, que valore, rescate y recupere lo mejor de nuestra historia, y que dé decididos pasos adelante para superar las desigualdades, las carencias, y los anhelos incumplidos en el recorrido histórico de nuestro pueblo. Las lamentables experiencias conocidas en nuestro país en materia de probidad, conflictos de intereses, tráfico de influencias, y otras conductas antiéticas, públicas o privadas,  refuerzan mi compromiso de elevar los estándares éticos en el ejercicio de la política.